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Noviembre 1, 2009 · Dejar un comentario

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Edición especial un año | Noviembre 2009 | ver y bajar pdf en issuu

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Septiembre 17, 2008 · 3 comentarios

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Noviembre 20, 2008 · Dejar un comentario

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Marzo 19, 2009 · 1 comentario

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Mayo 16, 2009 · Dejar un comentario

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Agosto 4, 2009 · 1 comentario

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La vida dura de Flann O’Brien

Noviembre 23, 2009 · Dejar un comentario

El Mercurio, Revista El Sábado, 21 de noviembre de 2009

por Rodrigo Pinto

Flann O’Brien (en realidad, Brian O’Nollan o Brian Nuall’in, en celta; O’Brien fue su seudónimo más exitoso) es uno de los grandes escritores irlandeses del siglo pasado –junto a James Joyce y Samuel Beckett–, pero sus libros estaban largamente ausentes de las librerías. La editorial Nórdica está publicando toda su obra, que por fortuna llega también a estas latitudes. El tercer policía, Crónica de Dalkey, La boca pobre y La vida dura son las cuatro publicadas hasta ahora; la obra total tiene un título más.

En esta última, publicada originalmente en 1961, cinco años antes de su muerte, O’Brien da buena muestra de su extraordinario talento para la sátira, que lo hermana más con sus ilustres antecesores irlandeses Swift y Sterne que con Joyce y Beckett. Es también el más cercano y divertido de los tres, como se ve claramente en esta novela ambientada entre fines del siglo XIX e inicios del XX, que transcurre casi íntegramente en una casa de Dublín. Dos hermanos, Finbart y Manus, quedan huérfanos y son recogidos por el señor Collopy, medio hermano de su madre. Ambos siguen el camino que se espera de ellos: educación religiosa en colegios católicos, a merced de “el pellejo”, “un cierto número de correas cosidas entre sí y que formaban un objeto de gran grosor, casi tan rígido como una porra, pero lo suficientemente flexible como para evitar quebrar los huesos de la mano”, y profunda ignorancia en todo lo demás. En la cocina, de la mano del whisky servido con generosidad, el señor Collopy y un sacerdote jesuita, el padre Fahrt, llevan a cabo sesudas, divertidas e irreverentes discusiones sobre temas de fe y moral, que muestran el clima religioso de la época y uno de los talentos de O’Brien: Collopy está obsesionado con asuntos que jamás puede expresar con claridad, por la fuerza de los prejuicios y la pasión por el eufemismo, y el narrador no se molesta en hacerlo, de manera tal que los diálogos se deslizan hacia el absurdo y demuestran un soberano manejo del lenguaje. Esto último también se advierte en las empresas que acomete Manus, el hermano mayor, que descubre las virtudes de la educación a distancia y pone a la venta delirantes manuales y productos que adelantan la industria de la autoayuda. El sorpresivo giro de la trama y el reemplazo del narrador, Finbart, por las cartas de su hermano Manus, lleva al extremo los procedimientos estilísticos de O’Brien y cierra a la perfección una novela inolvidable.

Flann O’Brien.
Nórdica, Madrid, 2009. 203 páginas.

 

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Especímenes de folclore bosquimano

Noviembre 16, 2009 · Dejar un comentario

The Clinic, jueves 12 de noviembre de 2009

por Dorita Núñez

El libro Especímenes de folclore bosquimano es el resultado de una larga y rigurosa investigación hecha, hace más de cien años, por el lingüista y antropólogo alemán W.H.I. Bleek y su cuñada Lucy C. Lloyd, y cuyo objeto de estudio fue un grupo de bosquimanos de Ciudad del Cabo. Estos africanos de ojos asiáticos que Bleek reclutó en su casa conforman una de las razas más antiguas del mundo, tanto así que se afirma que son el “Adán genético” del resto de los pueblos. El profesor Bleek (que no alcanzó a ver publicado el trabajo) y su compañera, recopilaron y reprodujeron el universo de sus mitos y leyendas. Estuvieron atentos a sus hábitos, supersticiones, a la importancia de los animales, a la relación con el baile y la música, a la comunicación por sonidos y a sus presentimientos, éstos especialmente interesantes para Elías Canetti, quien además de considerar que “es el libro más importante entre todos los que conozco”, en el posfacio afirma que dichos presentimientos son “principios para la metamorfosis”, pues las intuiciones experimentadas por los bosquimanos suponen tal grado de conexión con lo pensado y lo hecho (un hijo siente la herida de su padre y por eso sabe que se aproxima) que “un cuerpo es identificado con otro”, es decir, llegaría a transformarse en ese otro.

Así, los investigadores prepararon esta Biblia bosquimana llena de dibujos y fotografías: un estudio etnológico que, más que la sistematización de costumbres y tradiciones y más que la escritura de observaciones científicas, es una especie de gran biografía que atesora la vida -con todos sus bemoles- de un pueblo perdido en los bordes de la tierra. Tenemos, así, una tradición oral repetida, cantada y recitada recogida en este libro único, incomparable.

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Revista H en La Tercera

Noviembre 9, 2009 · Dejar un comentario

Lunes 9 de noviembre de 2009, La Tercera

Beckett, Roth y Pohlhammer en revista de libros H

por Alvaro Matus

En el medio nacional se dice que la “graduación” de una revista cultural, la señal de que es adulta o que al menos camina sin tambalearse como lo hace un niño de 10 meses, es pasar el tercer número. Pues bien, H este mes publica su sexta entrega y, con motivo del año de vida, ha incluido un texto inédito en español de Colm Toíbím sobre Samuel Beckett. Se trata de un auténtico regalo, no sólo porque este medio se reparte gratis en librerías, sino porque el texto del autor inglés ilumina aspectos de la obra de Beckett de manera ejemplar.

Toíbím, quien alcanzó popularidad tras publicar la novela inspirada en Henry James El maestro: retrato del novelista adulto, se concentra en la complicada relación del autor irlandés con su patria, al punto de cambiar de lengua y escribir Molloy (1951), Malone muere (1952) y El innombrable (1953) directamente en francés. Los desencuentros con Irlanda parten con el juicio en que Beckett acusaba a Oliver St. John Gogarty de difamar a un tío suyo en un pasaje ansisemita de su autobiografía. Beckett fue humillado por el juez, quien se rió de su libro sobre un francés llamado “Prowst” y habría señalado algo realmente paradójico: “No me pareció un testigo a cuya palabra, yo, personalmente, conferiría una gran credibilidad”.

Toíbím cita, además, un episodio de iluminación de Beckett en casa de su madre, después de la II Guerra Mundial. El suceso está narrado en Krapp’s last tape, pero lo más importante es que le permitió a Beckett comprender que Joyce había llegado tan lejos respecto de la conciencia del narrador, que lo suyo estaba “en  el empobrecimiento, en la falta de conocimiento y en restar; en sustraer antes que en añadir”. Sólo así se comprende el estilo despojado y distante, construido sobre la base de fogonazos que, al tiempo que iluminan, también agudizan el desconcierto.

Como es costumbre, la revista H trae adelantos de libros, entre los que destaca el arranque de la novela Un guión para Artkino, donde Fogwill se imagina que Argentina depende de la Unión Soviética. Se trata de una obra desopilante, donde los delatores del barrio pululan como moscardones, los discursos son completamente inconsistentes y el dinero, claro, termina metiendo la cola. De Philip Roth, a su vez, se incluye un extracto de su autobiografía, Los hechos, recién llegada a Chile con el sello DeBolsillo. Roth explica que en una etapa especialmente dolorosa, en franco desmoronamiento, decidió escribir para verse a sí mismo. Tiene más de 50 años, rompió con la comunidad judía y abrazó las libertades de la década del 60, pero está lejos de cualquier sabiduría. Y lo sabe. Roth va a “los hechos”, no a las ideas. Por lo mismo, el resultado es el testimonio de un hombre egoísta, vulnerable, ambicioso y encantador. Entre las novedades también destacan la reseña de Andrea Kottow a Las vírgenes sabias de Leonard Woolf (el esposo de Virginia) y una entrevista de Claudia Donoso a un Erick Polhammer chispeante y alucinado, como fuera de tiempo, o quizá dentro de un tiempo que es sólo suyo: el tiempo poético.

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Me acuerdo de Joe Brainard II

Noviembre 3, 2009 · Dejar un comentario

Sábado 31 de octubre, Revista El Sábado, El Mercurio

por Rodrigo Pinto

Joe Brainard, artista plástico, murió en 1992 a los 52 años. Dejó atrás una interesantísima obra de collages, cuadros y montajes; además diseñó portadas de libros y discos, disfraces de teatro y escenografías, pero, curiosamente, debe buena parte de su fama a una serie de libros que comenzó a publicar a los 28 años bajo un mantra tan sencillo como reconocible y eficaz: “Me acuerdo”. Al compás de esa fórmula de evocación recupera su biografía y también el espíritu de la época que le tocó vivir: su adolescencia en Tulsa, Oklahoma y su juventud en Nueva York. Pero, sin duda, Brainard pone el acento en el primer factor, su biografía, hecha de humores, hedores, deseos y vuelos sublimes, con alguna crudeza respecto de sus experiencias homosexuales y un aire de sinceridad que parece ser la clave de la permanencia de su libro en la memoria colectiva. Brainard trabaja desde el fragmento, el dato o la experiencia única, con libertad, sin orden, al ritmo que dicta la sola evocación. Y, con toda su brevedad y concisión, con su modo errático, descubre una manera de hablar de sí mismo que tiene resonancias universales. Paul Auster escribió que “con frases sencillas y contundentes, traza el mapa del alma humana y altera de forma permanente la manera en que miramos el mundo”. La reciente edición de Sexto Piso, primera en español, salda una deuda ya antigua con un texto que deberíamos haber conocido antes.

En 1982, 12 años después del primer Me acuerdo de Brainard, Georges Perec publicó los suyos y señaló que “el título, la forma y, en cierto modo, el espíritu de estos textos se basan en los I remember de Joe Brainard”. Sí, sólo en cierto modo, porque el de Perec apela más a la memoria colectiva que a la biografía, son más generacionales que personales. Sus Me acuerdo, dijo el mismo autor, “son pequeños pedazos de cotidianidad que fueron vividos y compartidos y luego olvidados. Sin embargo, de repente regresan, por azar o porque han sido buscados entre amigos una noche”, banales, mínimos, insignificantes, pero que, al recuperarlos, provocan “unos segundos de una impalpable y pequeña nostalgia”. Perec, capaz de escribir un libro sobre lo que se ve desde la mesa de un café parisino, no es, obviamente, un mero imitador y esta particular forma de evocación parece creada para él mismo, un artista del fragmento y el detalle que, sin embargo, conforman una obra de portentosa creatividad.

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Agape se paga de William Gaddis

Octubre 28, 2009 · Dejar un comentario

La notable editorial Sexto Piso reeditó hace unos meses la novela póstuma del silencioso William Gaddis. Algunos dicen que es uno de los secretos mejores guardados de la literatura norteamericana. Acá algunas pistas sobre Ágape se paga

Comentario de Cristóbal Carrasco en 60 Watts

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Fogwill, Labbé y otras cosas

Octubre 21, 2009 · Dejar un comentario

Le dijo Fogwill al periodista Roberto Careaga: “La novela Navidad y Matanza, de Carlos Labbé, me parece de lo mejor de los últimos 20 años de Chile”.

Lee la entrevista completa en http://tareasdelectura.wordpress.com/2009/10/21/fogwill-lectura-obligatoria/

Ambos autores han sido editados por Periférica; de Fogwill acaba de llegar la edición extendida de Un guión para Artkino. Sus libros están en librerías y estarán en la Feria del Libro, en el stand de las ediciones UDP.

Adelantamos aquí el comienzo de Un guión para Artkino, a su vez como adelanto de la revista H/6 que aparece la próxima semana.

La misión

Tengo cincuenta y cuatro años. He llegado a mi madurez como escritor y como hombre y sé que no me quedan muchos años de vida productiva. Una década, tal vez un par de décadas y ya no podré dar a la literatura las energías que, sin pausa, he vertido sobre ella durante treinta años. Recién entonces descansaré. Después llegará la muerte como un suave remanso, una recompensa más sumada a la alegría de haber vivido al amanecer socialista de mi querida patria. Yo sólo espero que antes que todo concluya podamos festejar la hora en que la Gran Alborada Roja del Socialismo ilumine todos los pueblos de la Tierra.

Cada hombre tiene su paladín, su referencia e ideal de emulación. La mayoría de los escritores de mi patria, cuando buscamos un modelo, no podemos sino apuntar la figura de Borges, el genial ciego de Palermo. Hoy sabemos que, como muchos grandes escritores de su época, fue víctima de un sistema perverso que cercenó su obra hasta el extremo de minar su voluntad con la artera finalidad de distraerlo de sus objetivos democráticos y populares presentando en su digna figura la imagen de un escritor capitalista, soez y reaccionario. Amenazas, torturas, desprecio, allanamientos policiales e interferencias amparadas por su ceguera falsificaron los sentimientos patrióticos del maestro.

Mas él a todo supo anteponer el estoicismo y la confianza en una Argentina que tarde o temprano amanecería Soberana, Soviética, Libre, Justa, Proletaria y Socialista. ¡Cuántos vejámenes, humillaciones y tergiversaciones resistió silencio…! ¡Cómo pudo anteponer su fe en el hombre que construirá el socialismo para sostenerse en sus heladas mañanas del Buenos Aires sin energía de la década del setenta…!

Por fortuna, la Sociedad Argentina de Autores y Escritores ha destacado una comisión de homenaje, que tras muchos años de trabajo ordenado rescató los originales del maestro y ha comenzado a publicar sus ediciones críticas, a medida que son retirados de la venta los textos apócrifos que los editores de su obra (la firma capitalista Emecé, que, se supo años más tarde, no era sino una división especial de la policía política del régimen) habían impreso profusamente para acentuar el dolor y el sufrimiento de los últimos años de la vida del genial Ehrengurg rioplatense.

A esta comisión de homenaje al camarada Borges, que preside el camarada Boris Ilich Fernández La dueña, debemos la exhumación de la excelente novela Horas proletarias, que narra las alternativas de la represión al movimiento obrero en la Semana Trágica de 1917 y destaca el importante papel que junto al líder de los tipógrafos Francisco Real desempeñó el gran Vittorio Codovilla en la conducción de esas gloriosas jornadas. Por infidencia de algún colega supe que la maravillosa novela corta Mañanitas metalúrgicas, escrita en Palermo en la década del cincuenta, llegará a la prensa no bien los exegetas borgeanos concluyan el comentario de sus últimos capítulos. No dudo que la divulgación de esta obra traerá nueva luz sobre la importancia que el hijo de la camarada Leonor Acevedo ha tenido en los movimientos literarios clandestinos que, desafiando la cruel represión imperialista y oligárquica, florecieron bajo la conducción de viejo y glorioso Partido Comunista entre 1930 y 1996, año de la victoria.

Como escritor y como hombre no puedo sino compararme con el camarada Borges cuando tenía mi edad: cincuenta y cuatro años. En 1953. Habita un pequeño semipiso que debe compartir con su madre, pensionada. No tiene mucama ni automóvil y ni siquiera ha soñado con vacaciones anuales y secretaria, que son las mínimas conquistas que requiere el trabajador de las letras. Su biblioteca es limitada. Hay estantes vacíos pues ha debido dejar sus colecciones de Pushkin, Gógol, Tolstói, Dostoievski, Ehrengurg y otros grandes de la literatura universal en una chacra alejada de Buenos Aires a cuidado de campesinos amigos, para protegerlas de la represión que se ensañaría con ellos como tantas veces lo hicieron con sus ejemplares en rústica de El capital y de Materialismo y empiriocriticismo.

Hoy, basta un sencillo trámite ante las autoridades, que la Sociedad Central de Escritores puede hacer por un pequeño arancel, para obtener autorización de consulta y portación de cualquier libro, aunque se trate de obras –como en el caso de las ediciones apócrifas de la imprenta parapolicial Emecé– que falsean la realidad, la voluntad del autor y la naturaleza real del contraste entre capitalismo y socialismo, que no es, como dijera el camarada contraalmirante Eloy Rodríguez Usandivaras, sino el contraste entre lo inhumano y lo humano elevado a su máxima potencia por gracia del sublime despertar socialista.

Secretarías voluntarias a cargo de estudiantes, automóvil, vivienda digna, vacación anual, libre acceso a la información reservada a dirigentes: todas estas conquistas de los escritores, ganadas palmo a palmo a la oligarquía durante las luchas por la liberación, han dignificado y humanizado nuestro oficio, que hoy bien podría considerarse un privilegio. ¡Ese oficio que para Borges no fue sino el calvario y la acumulación de sinsabores que lo arrastraron a la ceguera, la desesperación y la muerte…!

Imagino a Borges en una de esas reuniones de aristócratas a las que era invitado y a las que debía concurrir a riesgo de ser llevado por la fuerza de los esbirros de los magnates. Allí está el escritor, solo, en su rincón, exhibido entre pieles de cebra y cabezas reducidas de gauchos, como un trofeo más de los dueños de la casa, a la espera del mozo que le extiende un pequeño bolso de celofán que ocultará entre sus ropas para llevar algo de los restos del festín a su madre anciana. ¡Pobre maestro en sus heladas noches de Palermo! Pero… ¡Qué ejemplo para todos nosotros, escritores de la patria Libre, Soberana, Justa, Liberada, Soviética, Armónica y Socialista! ¡Qué estímulo para emular! Vamos: ¡Camaradas de la Sociedad de Escritores manos a la obra! ¡A producir y producir para agigantar la obra del socialismo y vengar en la carne de los enemigos de la victoria todos y cada uno de los sufrimientos de nuestro padre y maestro, el gran Jorge Luis Borges! Ése es nuestro deber. ¡En marcha, pues!

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Contra el Copyright

Octubre 8, 2009 · Dejar un comentario

Las Ultimas Noticias, miércoles 7 de octubre de 2009

Contra el copyright, varios autores

por Elías Palmer

La colección Versus del sello mexicano Tumbona Ediciones debería ser copiada sin asco, en este preciso instante, para beneficio de la patria. Son libritos chicos y delicaditos, pero apenas se abren se develan como completamente rabiosos, entradores y ganadores casi siempre por nocaut. ¿Contra quién? Contra lo que venga. la colección propone darles con un buen mazo de bilis a los lugares comunes y los pensamientos gregarios, reivindicando “las opiniones insalvables que sacan de quicio, describen nuestras manías y terminan por caracterizar nuestra personalidad”. Para hacerse una idea, ya se han publicado títulos tan sugerentes como Contra los no fumadores de Richard Klein, Contra los poetas de Witold Gombrowicz y Contra la originalidad de Jontahan Letehm, siendo este Contra el copyright el décimos de la serie.

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Me acuerdo de Joe Brainard

Octubre 8, 2009 · Dejar un comentario

Las Ultimas Noticias, miércoles 7 de octubre de 2009

Me acuerdo, de Joe Brainard

por Leonardo Sanhueza

“Me acuerdo de cuando la polio era la cosa más terrible del mundo”, “Me acuerdo de que las zanahorias son buenas para la vista y de que las habichuelas te dan gases”, “Me acuerdo del relleno para sándwiches marca Kraft”: así, repitiendo durante casi ciento cincuenta páginas que se acuerda de esto y de aquello y de lo de más allá, Joe Brainard creó este librito que es como un milagro. Su estructura no puede ser más simple: un chisporroteo de recuerdos aparentemente inconexos y encabezados por la fórmula “me acuerdo”. Según Paul Auster, el resultado es una obra maestra. Con un mínimo de recursos, el libro consigue contra una vida entera, describir una sociedad y su tiempo, internarse en los vericueros del sexo y la niñez. Por si fuera poco, Brainard inventó un formato que cualquiera, hasta el más chusco plumífero, puede usar con éxito: es cosa de probar. la más famosa adaptación de esa fórmula es el libro homónimo de Georges perec. También lo usó Marcelo Mastroianni para contar su vida. Una perla genial de literatura prácticamente al alcance de todos.

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Vacío perfecto de Stanislaw Lem

Septiembre 7, 2009 · Dejar un comentario

Revista Qué pasa, 4 de septiembre de 2009

El hombre imaginario

por Gonzalo Maier

Hay clubes y clubes. Y Stanislaw Lem (1921-2006), el famoso escritor polaco, para entrar a éste, tuvo que escribir un libro. Uno que le abrió las puertas a la sociedad de reseñistas de libros inexistentes. Un club que paradójicamente existe porque no existe y en el que están cómodamente sentados Borges, Vonnegut y Bolaño. En Vacío perfecto, recién llegado a Chile de la mano de Impedimenta, Lem ofrece dieciséis críticas -a ratos geniales- de textos que uno nunca podrá encontrar. Gigamesh, por ejemplo, es una novela del irlandés Patrick Hannahan que, emulando a Joyce, resume el universo en una caminata de 20 minutos; el primer libro de Solange Marriot es una novela escrita sólo con negaciones; mientras que La Nueva Cosmogonía es el discurso con el que un tal Alfredo Testa recibió el Premio Nobel después de rebatir a Einstein y probar que el universo es sólo un juego. Breves, cómicas, inteligentes y mordaces, las páginas de Vacío Perfecto también demuestran que la mejor ciencia ficción es la que no parece ciencia ficción.

En librerías a $ 28.200.

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