Karl Marx, Elogio del crimen

The Clinic, jueves 18 de marzo de 2010, publica este texto, un adelanto de la revista H, número 7, que aparece en los próximos días.

Este es uno de los muchos artículos que Marx publicó entre 1840 y 1860 en la prensa de Londres y Nueva York, después de terminar su doctorado en Jena, cuando participaba activamente en política, vivía en Londres y trabajaba en El capital. Pertenece al libro de Sequitur titulado, precisamente, Elogio del crimen, y muestra el poco conocido sentido del humor y del sarcasmo que acompañan su riguroso e insoslayable genio en la filosofía política y económica.

El filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones, el profesor compendios, etc. El delincuente produce delitos. Fijémonos un poco más de cerca en la conexión que existe entre esta última rama de producción y el conjunto de la sociedad, y ello nos ayudará a sobreponernos a muchos prejuicios. El delincuente no produce solamente delitos: produce, además, el derecho penal y, con ello, al mismo tiempo, al profesor encargado de sustentar cursos sobre esta materia y, además, el inevitable compendio en que este mismo profesor lanza al mercado sus lecciones como una “mercancía”. Lo cual contribuye a incrementar la riqueza nacional, aparte de la fruición privada que, se nos hace ver, un testigo competente, el señor profesor Roscher, el manuscrito del compendio produce a su propio autor.
El delincuente produce, asimismo, toda la policía y la administración de justicia penal: esbirros, jueces, verdugos, jurados, etc., y, a su vez, todas estas diferentes ramas de industria que representan otras tantas categorías de la división social del trabajo; desarrollan diferentes capacidades del espíritu humano, crean nuevas necesidades y nuevos modos de satisfacerlas. Solamente la tortura ha dado pie a los más ingeniosos inventos mecánicos y ocupa, en la producción de sus instrumentos, a gran número de honrados artesanos.
El delincuente produce una impresión, unas veces moral, otras veces trágica, según los casos, prestando con ello un “servicio” al movimiento de los sentimientos morales y estéticos del público. No sólo produce manuales de derecho penal, códigos penales y, por lo tanto, legisladores que se ocupan de los delitos y las penas; produce también arte, literatura, novelas e incluso tragedias, como lo demuestran no sólo La culpa de Müllner o Los bandidos de Schiller, sino incluso el Edipo de Sófocles y Ricardo III de Shakespeare. El delincuente rompe la monotonía y el palomo cotidiano de la vida burguesa. La preserva así del estancamiento y, provoca esa tensión y ese desasosiego sin los que hasta el acicate de la competencia se embotaría. Impulsa con ello las fuerzas productivas. El crimen descarga el mercado del trabajo de una parte de la superpoblación sobrante, reduciendo así la competencia entre los trabajadores y poniendo coto hasta cierto punto a la baja del salario, y, al mismo tiempo, la lucha contra la delincuencia absorbe a otra parte de la misma población. Por todas estas razones, el delincuente actúa como una de esas “compensaciones” naturales que contribuyen a restablecer el equilibrio adecuado y abren toda una perspectiva de ramas útiles de trabajo.
Podríamos poner de relieve hasta en sus últimos detalles el modo como el delincuente influye en el desarrollo de la productividad. Los cerrajeros jamás habrían podido alcanzar su actual perfección si no hubiese ladrones. Y la fabricación de billetes de banco no habría llegado nunca a su actual refinamiento a no ser por los falsificadores de moneda. El microscopio no habría encontrado acceso a los negocios comerciales corrientes (véase Babbage) si no le hubiera abierto el camino el fraude comercial. Y la química práctica debiera estarle tan agradecida a las adulteraciones de mercancías y al intento de descubrirlas como al honrado celo por aumentar la productividad.
El delito, con los nuevos recursos que cada día se descubren para atentar contra la propiedad, obliga a descubrir a cada paso nuevos medios de defensa y se revela, así, tan productivo como las huelgas, en lo tocante a la invención de máquinas. Y, abandonando ahora el campo del delito privado, ¿acaso, sin los delitos nacionales, habría llegado a crearse nunca el mercado mundial? Más aún, ¿existirían siquiera naciones? ¿Y no es el árbol del pecado, al mismo tiempo, y desde Adán, el árbol del conocimiento? ya Mandeville, en Fable of the Bees (1705) había demostrado la productividad de todos los posibles oficios, etc., poniendo de manifiesto en general la tendencia de esta argumentación:
“Lo que en este mundo llamamos el mal, tanto el moral como el natural, es el gran principio que nos convierte en criaturas sociales, la base firme, la vida y el puntal de todas las industrias y ocupaciones, sin excepción; aquí reside el verdadero origen de todas las artes y ciencias y, a partir del momento en que el mal cesara, la sociedad decaería necesariamente, si es que no perece completamente”.
Lo que ocurre es que Mandeville era, naturalmente, mucho más, infinitamente más audaz y más honrado que los apologistas filisteos de la sociedad burguesa.

2 comentarios
  1. Cristóbal Orellana dijo:

    Quiero leer ese libro…

  2. Alberto dijo:

    Es impresionante como el método utilizado por Karl Marx hace ya 150 años, ¡arroja un resultado que es perfetamente aplicable hoy en dia!
    Solo basta con extrapolar lo que nos cuenta, plasmarlo en el Chile del 2010 y nos encontraremos como es que el mercado de la delincuencia hace ganar elecciones, ayuda a combatir el desempleo que provoca el neoliberalismo, con el incremento año a año del número de policias.
    Les da esperanzas a miles de jóvenes que vienen del seno de la respetable clase alta de éste país de tener, casa, esposa, hijos, auto, piscina y cancha de tenis gracias al estudio del derecho.
    Les da ganas de seguir viviendo a los mojigatos dirigentes de las clases dominantes de los partidos UDI, RN, un resto de la DC…que sin delincuencia, sinceramente no sabrían que hacer.
    Ayuda también a las deficiencias que crea el mercado de la educación, que deja a miles de cesantes ilustrados, como es el caso de los periodistas, que terminan trabajando para los variados medios comunicativos que basan su sustento en los riquezas que les entrega la delincuencia.
    Que serìa de esos pobres tipos que basan su vida en este fenómeno…y creo que ya las clases dominantes ya saben de esto y por eso la delincuencia no podrá ser erradicada, y no porque sea un fenómeno inherente del capitalismo, sino por que además ayuda a su sustento.
    Como podemos entonces negar la eficiencia del método marxista, del materialismo dialéctico…que entiende los procesos como fenómenos en movimientos e interrelacionados?

    Esto es un llamado de atención a los quisquillosos representantes de la izquierda moderna chilena, quienes reniegan de esta útil filosofía práctica, que se nota ya está utilizando la clase dominante para realizar sus análisis y de ésta manera llevar a cabo sus políticas.

    No nos quedemos atrás y volvamos a esta rica forma de hacer política, sería y radicalmente demoledora con el capitalismo….
    y no se preocupen, que los chistosos representantes de las clases dominantes saben que su sistemita de cartas se va a caer..hasta entonces, las leyes del capitalismo serán las mismas….y tendremos que saber estudiarlas para así enfrentarlas…

    un saludo

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