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Archivos Mensuales: noviembre 2008

Domingo 30 de noviembre, El Mercurio, Revista de Libros, página E16

Una fábula de la montaña

por Pedro Gandolfo

El secreto del bosque viejo, Dino Buzzati, traducción de Mercedes Corral, Editorial Gadir, Madrid.

(…) La prosa de este muy bello libro es límpida y sintética y sorprende por la fuerza que tienen en ella las imágenes. Los diálogos (no exentos de humor e ironía) dejan la impresión de ser islas en medio de su plasticidad y sonoridad (no en vano esta novela también fue llevada al cine por el director Ermanno Olmi): “Y el coronel, con un ligero movimiento de los labios que pudo parecer una sonrisa, fingió interpretar como una prueba de conmovido obsequio lo que en realidad era una manifestación de júbilo por su marcha”. Conste que, se dice, nunca nadie vio sonreír auténticamente al coronel.

Ver nota completa en http://www.mer.cl/modulos/catalogo/Paginas/2008/11/30/MERSTLBO16003011.HTM

En revista Capital, noviembre 2008

Enredos de familia

por Marcelo Soto
Con una buena dosis de modestia, la francesa Valérie Mréjen logra con su libro Mi abuelo rescatar el asombro de las cosas dichas por primera vez.

Mientras las grandes editoriales siguen siendo socavadas por la piratería y prácticas dañinas como el pago de adelantos millonarios sobreinflados, sumado al lanzamiento de títulos desechables para un público cada vez más esquivo, el futuro de la literatura parece estar en las pequeñas casas.

Entre estas editoriales alternativas, destaca la española Periférica, que ha publicado al chileno Carlos Labbé y al costarricense Rodrigo Soto, entre otros, y que ahora lanza Mi abuelo, de la francesa Valérie Mréjen, una de las voces jóvenes interesantes de la actual narrativa gala.

Marcada bajo el signo del mestizaje, del cruce entre géneros y formatos, Mi abuelo habla de un país donde casi nadie se expresa en la misma lengua y en cambio se confunden los dialectos y los giros y la patria no es lo que solía ser. Tampoco la familia. La autora describe un clan de clase baja tirando para media, donde la figura del abuelo es tan brutal como definitiva, una especie de sombra o reflejo de las turbiedades del pasado. Pese a la ignorancia y a la precariedad de tal herencia, el padre de la narradora es despreciado por su origen marroquí.

“Incluso mi madre, que, a pesar de todo, se sentía orgullosa de pertenecer a una cierta clase social, no acababa de aceptar el haberse casado con un zafio (mi padre tenía tendencia a servir el agua en las copas de vino y el vino en las de agua)”, comenta. Escrita como una sucesión de telegramas, colmados de un humor que pasa del rencor a la ternura en dos líneas, el libro se sumerge en aquellos enigmas íntimos que comparten las familias de todo tipo y que nadie entiende, salvo los que forman parte del grupo, cuya ligazón, sin embargo, inexorablemente se desarma.

Tanto como el caos familiar, el relato aborda la pérdida de significado –y de la sensación de ser parte de algo– en la traducción. “En las cenas mi padre y mis tíos se contaban chistes comenzando en francés y acabando en árabe. Veíamos, sin entender nada, cómo se partían de risa”. Y un rato después cuenta: “Para poner punto final a las discusiones, mi padre decía a menudo: “El incidente está zanjado”. Yo confundía incidente con accidente. Para mí aquello quería decir : “El accidente está salvado”.

Mi abuelo no es un libro cerrado, ni un texto clasificable según nociones antiguas, pues esboza respuestas intermedias; no busca una definición porque las definiciones hace rato que perdieron sentido. Está lejos de ser perfecta –y a menudo saca de quicio–, pero tiene una poderosa sinceridad que nos hace reír y asombrarnos.

En El Mercurio, 23 de noviembre, Revista de Libros, p. E18

Política e ironía

por Patricio Tapia

El cortesano y su fantasma, Xavier Rubert de Ventós, editorial Sexto Piso, Madrid 2008.

(…) menciono esta cita porque los ministros y ministras harían bien en no presentarse siempre como personas demasiado ocupadas. Rubert cita al Lucien Leuwen de Stendhal: “Trata siempre a un ministro como a un imbécil; no tiene tiempo para pensar”.

http://www.mer.cl/modulos/catalogo/Paginas/2008/11/23/MERSTLB018OO2311.htm

La Tercera, viernes 21 de octubre, página 77

Libros de bolsillo, por Alvaro Matus

Contra los poetas, de Witold Gombrowicz

Tumbona Ediciones sacó la refrescante colección “Versus”, donde diversos ensayistas las emprenden contra la originalidad, el amor o los no fumadores. Gombrowicz, novelista polaco que nació en 1904 y murió en 1969, luchó siempre contra los convencionalismos. En Argentina, donde vivió 30 años, Virgilio Piñeiro y otros secuaces tradujeron en el café Rex Ferdyduke, novela tragicómica que postula la importancia de la inmadurez. Cuando tomó el barco rumbo a su patria les dio un consejo a los escritores jóvenes. “Maten a Borges”. Este libro recoge tres conferencias que se leen como la versión teórica de la antipoesía de Parra. Pero no usemos la palabra teoría, Gombrowicz en realidad es sinónimo de estilo, actitud y hasta de sentido común. Aquí invita a terminar con el ritmo y la rima, con los cantos a las rosas y a los lirios. Su apuesta va por una poesía vinculada a la calle, que no tema a las palabras comunes y corrientes, y que sobre todo se atreva a interrogar la realidad.

El Mercurio, domingo 16 de noviembre, pág. E 19

Novedad tardía

Por Roberto Merino

(…) Valérie Mréjen logra un efecto impensado: recordar aquello que efectivamente se recuerda, lo incompleto, lo indeterminado, lo banal. Su tradición sería la de la palabra menos que justa. Lo que nos presenta es una especie de esqueleto o bosquejo del íntimo pasado, como si hubiera descubierto que para armar un mundo no se necesita hablar más allá de la cuenta.

El mercurio, domingo 16 de noviembre, pág. E17

Un cronista imprescindible

por Pedro Pablo Guerrero

Otra pieza que hacía falta en nuestro idioma: las crónicas de Machado de Assis. Procoz colaborador de revistas y periódicos brasileños, publicó las primeras a los 16 años. Las que reúne el volumen Crónicas escogidas, de la editorial Sexto Piso, son las que escribió en su madureza, entre 1872 y 1896.

Observador agudo de la vida cotidiana y de la actualidad internacional de su tiempo, dejó textos geniales (“Conversación con san pedro”, obviamente póstuma) y de hilarante cinismo (“Abolición y libertad”), así como reflexiones honestas sobre el oficio de cronista: “Vivimos seis días exprimiendo los acontecimientos de la calle, escuchando y palpando el sentimiento de la ciudad para denunciarlos, aplaudir o patear,conforme a nuestro humor o a nuestra opinión, y cuando nos sentamos a escribir esas hojas volátiles, lo hacemos con la certeza (¡o la esperanza!) de que hay demasiados ojos puestos sobre nosotros”.

Un delicioso libro de bolsillo, pulcramente traducido y anotado por Alfredo Coello, para hojear en el Metro o en el Transantiago y caer en la cuenta de que, casi tras 120 años, las cosas siguen más o menos iguales. Si no, basta leer las reglas propuestas en la crónica titulada “Cómo comportarse en el tranvía”.

10 de noviembre, en blog Qué leo

La rebelión perpetua del funcionario

por Juan Carlos Fau

Escribir dos mil caracteres sobre un libro que no pasa los diez mil parece una insensatez, incluso preferiría no hacerlo, pero sobre Bartleby de Melville hay algo más que una enciclopedia. Las vidas opacas y mínimas en una oficia de copiadores se ha transformado en cientos de metáforas, lecturas e interpretaciones, sobre todo en una época en que el desprecio al funcionario es un hits.
La nueva versión ilustrada dramáticamente por Javier Zabala, que presenta Nórdica Libros es un portal a ese extraño mundo de hombrecitos grises que entregan la vida a la clasificación y transcripción metódica de documentos legales, claro, hasta que llega Bartleby a presentarles su maravillosa pancarta rebelde, la negación de si mismo: “Preferiría no hacerlo”.
El escritor español Enrique Vila Matas utilizó el personaje, que Melville creó en el siglo XIX, para representar a todos esos escritores que de pronto detuvieron su oficio. Salinger, Pinchon y Juan Rulfo padecieron del síndrome Bartleby y se abstuvieron de continuar el sendero que el mundo literario les imponía, escribir y publicar uno más.

Nadie sabe muy bien que pasa por la cabeza del oficinista que trabaja en Wall Street, y nadie logra detener su silenciosa pero obstinada consigna que amenaza al mundo productivo de la eficiente oficina. El jefe ve como todo el peso de su autoridad no hace mella en el rebelde. Ni las penas del infierno que alcanzan el despido, y al que Bartleby responde una y otra vez, quizás solo un poco más cansado: “Preferiría no hacerlo”.
Cómo se arma una breve novela repitiendo la misma frase en no más de 20 páginas, con un personaje sin vida, con pasado y futuro inciertos, sin balas de por medio, sin arrebatos histéricos de los típicos clichés norteamericanos, con la única y poderosa idea de seguir respirando sin hacer nada.
Herman Melville inventó también a ese puñado de hombres entregados a la voluntad del capitán de un barco ballenero en busca de un cetáceo blanco, lleno de retórica divina y con todas las miles de páginas que contiene Moby Dick. Es todo lo contrario de la precisión y austeridad de Bartleby. El escritor se burla y desprecia a si mismo. El escribiente que hace miles de copias perfectas de obras monumentales, y pequeñas joyitas, muere sin redoble de tambores y es sepultado un día cualquiera en un cementerio cualquiera a unas pocas cuadras de su querido “preferiría no hacerlo”.
Las interpretaciones siempre son el privilegio del lector, a pesar de la obsesión psicoanalítica por hacer nos creer que Melville odiaba a su padre y deseaba a su madre. En esa insurgente rebeldía de no hacer lo solicitado Bartleby debió tener más poleras que el Che Guevara y el Sub Comandante Marco, sobre todo por que nace en Wall Street, por que usa más ropa y discursea menos que Gandhi y por que tarde o temprano se convierte en el personaje más admirado por los grandes escritores que se hartan de escribir.

Revista Rolling Stone Chile, octubre 2008

Todo lo que te enseñaron es falso

por Juan Carlos Fau

En esta infame esquina el pusilánime informado; el precursor del negativismo; el discípulo aventajado de Nietzsche; el escritor Phillipe Lopate. En la esquina opuesta: las postales de Doisneau; las chicas vestidas de marineritas, el consumo desquiciado, los convites de la socialité. Con ustedes “La alegría de vivir¨.
Con argumentos insoportablemente lúcidos Lopate destruye el modelo occidental que representa un estilo de vida sin sobresalto. El riesgo corre por cuenta de la editorial Tumbona, un sello mexicano independiente, que se asoma en las vitrinas locales con portadas de viejos combates en el ring.
El segundo round, o el segundo libro, es de Jonathan Lethem contra “la originalidad” en dónde explica los preceptos básicos y los beneficios que tiene para el humano el anonimato absoluto. Heriberto Yépez contra la Tele-visión, es el tercero. El cuarto tomo, que no pasa de las 50 páginas, lo protagoniza Laura Kipnis nada menos que contra “el amor”. Kipnis protagoniza el episodio más pasional de la velada. Quien dijo que había que querer? Y de ahí en adelante todo es bajada. Probablemente la autora no entró en el cuadrilátero pensando en ganar la contienda.
La delirante colección Versus de Tumbona tiene como objetivo predicar con el desanimo, hacer de la frustración una nueva y maravillosa forma de vida.
En preparación está el round que sostendrá Witold Gombrowicz contra “los poetas”. Al polaco le tocó fácil.

En revista Mujer, La Tercera, 9 de noviembre de 2008, p. 14

El desorden de las familias

por Marcelo Soto

Lo suyo es la mezcla, el cruce impensado. La francesa Valérie Mréjen, nacida en 1969, se ha hecho conocida por combinar cine y literatura. Su libro Mi abuelo (Periférica) es el relato de una familia dispersa, donde el lenguaje y el origen ya no son referencias. Una voz para tomar en cuenta de la actual narrativa gala.