Mi abuelo de Valérie Mréjen III

En revista Capital, noviembre 2008

Enredos de familia

por Marcelo Soto
Con una buena dosis de modestia, la francesa Valérie Mréjen logra con su libro Mi abuelo rescatar el asombro de las cosas dichas por primera vez.

Mientras las grandes editoriales siguen siendo socavadas por la piratería y prácticas dañinas como el pago de adelantos millonarios sobreinflados, sumado al lanzamiento de títulos desechables para un público cada vez más esquivo, el futuro de la literatura parece estar en las pequeñas casas.

Entre estas editoriales alternativas, destaca la española Periférica, que ha publicado al chileno Carlos Labbé y al costarricense Rodrigo Soto, entre otros, y que ahora lanza Mi abuelo, de la francesa Valérie Mréjen, una de las voces jóvenes interesantes de la actual narrativa gala.

Marcada bajo el signo del mestizaje, del cruce entre géneros y formatos, Mi abuelo habla de un país donde casi nadie se expresa en la misma lengua y en cambio se confunden los dialectos y los giros y la patria no es lo que solía ser. Tampoco la familia. La autora describe un clan de clase baja tirando para media, donde la figura del abuelo es tan brutal como definitiva, una especie de sombra o reflejo de las turbiedades del pasado. Pese a la ignorancia y a la precariedad de tal herencia, el padre de la narradora es despreciado por su origen marroquí.

“Incluso mi madre, que, a pesar de todo, se sentía orgullosa de pertenecer a una cierta clase social, no acababa de aceptar el haberse casado con un zafio (mi padre tenía tendencia a servir el agua en las copas de vino y el vino en las de agua)”, comenta. Escrita como una sucesión de telegramas, colmados de un humor que pasa del rencor a la ternura en dos líneas, el libro se sumerge en aquellos enigmas íntimos que comparten las familias de todo tipo y que nadie entiende, salvo los que forman parte del grupo, cuya ligazón, sin embargo, inexorablemente se desarma.

Tanto como el caos familiar, el relato aborda la pérdida de significado –y de la sensación de ser parte de algo– en la traducción. “En las cenas mi padre y mis tíos se contaban chistes comenzando en francés y acabando en árabe. Veíamos, sin entender nada, cómo se partían de risa”. Y un rato después cuenta: “Para poner punto final a las discusiones, mi padre decía a menudo: “El incidente está zanjado”. Yo confundía incidente con accidente. Para mí aquello quería decir : “El accidente está salvado”.

Mi abuelo no es un libro cerrado, ni un texto clasificable según nociones antiguas, pues esboza respuestas intermedias; no busca una definición porque las definiciones hace rato que perdieron sentido. Está lejos de ser perfecta –y a menudo saca de quicio–, pero tiene una poderosa sinceridad que nos hace reír y asombrarnos.

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