Botchan de Natsume Soseki

En El Mercurio, revista El Sábado, 7 de marzo de 2009

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por Rodrigo Pinto

Hueders, una nueva distribuidora de libros, trae a Chile a un grupo de editoriales independientes que hasta el año pasado no tenían prácticamente presencia en nuestras librerías. Es una excelente noticia, porque se trata de catálogos no tradicionales que amplían considerablemente la variedad y la calidad de la oferta local. Entre ellas están las españolas Impedimenta, Nórdica y Periférica, y la mexicana Sexto Piso.

Impedimenta edita Botchan, de Natsume Soseki, un clásico de la narrativa japonesa que ha sido comparado con Huckleberry Finn, de Mark Twain. Las comparaciones suelen cojear y más cuando se trata de universos culturales tan distintos. De hecho, cuando Soseki escribió Botchan a comienzos del siglo pasado, Japón llevaba menos de 50 años desde el fin del feudalismo y aún menos tiempo de exposición a la cultura occidental. El autor estudió literatura en Londres, pero llevó muy mal el trabajo de asimilar un estilo de vida tan distinto y volvió a Japón lleno de prevenciones en contra de Occidente, de modo que es muy difícil rastrear incluso influencias indirectas en una novela que transcurre mayormente en una pequeña ciudad de provincias. Quizá, en ese sentido, la única referencia posible es que el protagonista y narrador, nacido en Tokyo, no entiende los códigos que se manejan en Shikoku y se siente como un extranjero, pero incluso así es estirar mucho la cuerda. El eventual parecido con la obra de Twain radica mucho más en la extraña personalidad del protagonista, que a otros críticos les recuerda al Holden Caufield de Salinger. Botchan tiene muchos significados en japonés, todos alrededor de los conceptos de niño y querido, pero también es mimado, chiquillo, señorito, y el protagonista cumple más o menos con todos ellos, aunque destaca sobre todo por su impresionante incapacidad de entender el humor y las retorcidas relaciones que se dan en el mundo adulto. Recién egresado de un instituto superior comienza a hacer clases en la provincia y todo y todos parecen confabularse contra él, contra su ingenuidad, contra su apostura de gallito de pelea, contra su porfiado estilo de entender todo de la manera más literal posible.

Por ahí se desliza otra de las características señaladas del texto, el humor, pero un humor más bien negro o mejor aún marcado por el desconcierto de asistir a una vida tan cegada por sus limitaciones de carácter.

Lo más curioso es que, a pesar de que Botchan es uno de los personajes más antipáticos y poco carismáticos creados por la literatura, termina ganándose el cariño del lector, a punta de porfía, de ingenuidad y de ese valor irrepetible que nace de una radical incomprensión del mundo.

Impedimenta
Madrid, 2008. 234 páginas.

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