Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado, de James Hogg

The Clinic, jueves 4 de junio de 2009

Reality del miedo

Por Dorita Núñez

Amigo de Walter Scott y William Wordsworth, James Hogg (1770-1835) fue un escritor escocés del que hoy poco se sabe. Conocido también como “el Pastor de Ettrick”, gran parte de su vida la dedicó a cuidar ovejas en su tierra, a las que luego abandonó para dedicarse a escribir; en cuanto a sus poemas, puede decirse que Hogg fue por lana y salió trasquilado. Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado, en cambio, es una fascinante novela que muestra la delgada línea que separa al fanatismo religioso de lo monstruoso.
Hay una concepción religiosa en la que se inscriben las acciones de Robert, el protagonista de esta rara historia situada en la Escocia neblinosa, gótica y supersticiosa del siglo XVII. Se trata de su convicción de tener asegurada la salvación porque Dios lo ha escogido; por lo tanto, por ser un “elegido”, cree vivir en una completa impunidad: “justificación por la gracia”, que le llaman.
Un macanudo prólogo de André Gide –que se declara “voluptuosamente atormentado” por el libro– precede la primera parte de esta novela, donde un editor, que, hace las veces de narrador, muestra a Robert como un ser despreciable, un lame botas siniestro y obseso de un Dios demasiado personal. Robert es un joven canalla que, amparado en su primitiva religiosidad, persigue a su hermano, otro joven, pero común y corriente, que sabe gozar la vida “pecaminosamente”. Y como el padre de ambos es también un gozador, a Robert lo desprecia y lo exilia de todo derecho a herencia.
La segunda parte es otro cuento, y mejor: el mismísimo Robert confiesa la historia de su vida, y el lector, aun consciente de todas sus maldades, sobreponiéndose al completo desprecio sentido hacia él, termina tolerándolo, ya que aparecen variables que completan y desdibujan la versión que el editor da de este pecador justificado.
Robert cuenta que transó con el diablo sin saberlo, pensando que este personaje que aparecía en su vida como por arte de magia era una especie de viajero millonario promotor de la fe. El protagonista es devorado en cuerpo y alma por este misterioso y majadero “amigo” que lo insta a hacer cosas aberrantes, convenciéndolo de que su elección divina exige una tarea de limpieza, de fumigación humana-pecadora. En ese trance Robert mata a su madre, a su hermano, a su posible amada. Cuando intenta retroceder, es demasiado tarde, y para obtener el “ansia de olvido absoluto” tendría que nacer de nuevo.
La psicología que aplica el diablo para persuadir a Robert es admirable, un despliegue de sutilezas y detalles sobrenaturales, desde los cambios en su fisonomía hasta un sustentable discurso teológico.
Además de lo religioso, opera en este libro la oscura potencia de la cabeza; Robert, al no poder justificar sus acciones, encuentra en la idea del doble -que maniobra independientemente- la posible explicación a sus crímenes. Hogg entrelaza en su personaje lo religioso y lo psicológico, lo confunde como si se tratara de piezas de una misma maquinaria.
El suicidio será la salida, por lo menos en lo que a asuntos terrenales respecta. Desde que ha sido devorado por este demoníaco fanatismo, matarse es la única y última elección que le queda a un hombre que se condenó solito a reposar en su asiento de elegido, y a ser un odioso inquisidor que en su constante condenar estuvo más muerto que vivo, más loco que cuerdo. Creerse elegido divino, un pequeño dios no tan pequeño, parece decir Hogg, es una tragedia de la que sólo puede nacer la maldad, el diablo, la bestialidad, el terror.
Memorias… está escrito con un refinamiento de relojería: Hogg ejerce un justo control del misterio, saber dar y quitar para mantener al lector envuelto en un negro suspenso. No es poca cosa considerando que el autor fue un pastor autodidacta.

MEMORIAS PRIVADAS
Y CONFESIONES DE UN PECADOR JUSTIFICADO
James Hogg
Nórdica Libros, 2008, 313 páginas.

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1 comentario
  1. Erika dijo:

    Leí esta novela hace ya más de 10 años… y lo que más recuerdo es el temor que va generándote la lectura; revelador y apasionante es este libro que recomiendo sin reserva alguna; maravilloso!

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