archivo

Archivos Mensuales: octubre 2009

Le dijo Fogwill al periodista Roberto Careaga: “La novela Navidad y Matanza, de Carlos Labbé, me parece de lo mejor de los últimos 20 años de Chile”.

Lee la entrevista completa en http://tareasdelectura.wordpress.com/2009/10/21/fogwill-lectura-obligatoria/

Ambos autores han sido editados por Periférica; de Fogwill acaba de llegar la edición extendida de Un guión para Artkino. Sus libros están en librerías y estarán en la Feria del Libro, en el stand de las ediciones UDP.

Adelantamos aquí el comienzo de Un guión para Artkino, a su vez como adelanto de la revista H/6 que aparece la próxima semana.

La misión

Tengo cincuenta y cuatro años. He llegado a mi madurez como escritor y como hombre y sé que no me quedan muchos años de vida productiva. Una década, tal vez un par de décadas y ya no podré dar a la literatura las energías que, sin pausa, he vertido sobre ella durante treinta años. Recién entonces descansaré. Después llegará la muerte como un suave remanso, una recompensa más sumada a la alegría de haber vivido al amanecer socialista de mi querida patria. Yo sólo espero que antes que todo concluya podamos festejar la hora en que la Gran Alborada Roja del Socialismo ilumine todos los pueblos de la Tierra.

Cada hombre tiene su paladín, su referencia e ideal de emulación. La mayoría de los escritores de mi patria, cuando buscamos un modelo, no podemos sino apuntar la figura de Borges, el genial ciego de Palermo. Hoy sabemos que, como muchos grandes escritores de su época, fue víctima de un sistema perverso que cercenó su obra hasta el extremo de minar su voluntad con la artera finalidad de distraerlo de sus objetivos democráticos y populares presentando en su digna figura la imagen de un escritor capitalista, soez y reaccionario. Amenazas, torturas, desprecio, allanamientos policiales e interferencias amparadas por su ceguera falsificaron los sentimientos patrióticos del maestro.

Mas él a todo supo anteponer el estoicismo y la confianza en una Argentina que tarde o temprano amanecería Soberana, Soviética, Libre, Justa, Proletaria y Socialista. ¡Cuántos vejámenes, humillaciones y tergiversaciones resistió silencio…! ¡Cómo pudo anteponer su fe en el hombre que construirá el socialismo para sostenerse en sus heladas mañanas del Buenos Aires sin energía de la década del setenta…!

Por fortuna, la Sociedad Argentina de Autores y Escritores ha destacado una comisión de homenaje, que tras muchos años de trabajo ordenado rescató los originales del maestro y ha comenzado a publicar sus ediciones críticas, a medida que son retirados de la venta los textos apócrifos que los editores de su obra (la firma capitalista Emecé, que, se supo años más tarde, no era sino una división especial de la policía política del régimen) habían impreso profusamente para acentuar el dolor y el sufrimiento de los últimos años de la vida del genial Ehrengurg rioplatense.

A esta comisión de homenaje al camarada Borges, que preside el camarada Boris Ilich Fernández La dueña, debemos la exhumación de la excelente novela Horas proletarias, que narra las alternativas de la represión al movimiento obrero en la Semana Trágica de 1917 y destaca el importante papel que junto al líder de los tipógrafos Francisco Real desempeñó el gran Vittorio Codovilla en la conducción de esas gloriosas jornadas. Por infidencia de algún colega supe que la maravillosa novela corta Mañanitas metalúrgicas, escrita en Palermo en la década del cincuenta, llegará a la prensa no bien los exegetas borgeanos concluyan el comentario de sus últimos capítulos. No dudo que la divulgación de esta obra traerá nueva luz sobre la importancia que el hijo de la camarada Leonor Acevedo ha tenido en los movimientos literarios clandestinos que, desafiando la cruel represión imperialista y oligárquica, florecieron bajo la conducción de viejo y glorioso Partido Comunista entre 1930 y 1996, año de la victoria.

Como escritor y como hombre no puedo sino compararme con el camarada Borges cuando tenía mi edad: cincuenta y cuatro años. En 1953. Habita un pequeño semipiso que debe compartir con su madre, pensionada. No tiene mucama ni automóvil y ni siquiera ha soñado con vacaciones anuales y secretaria, que son las mínimas conquistas que requiere el trabajador de las letras. Su biblioteca es limitada. Hay estantes vacíos pues ha debido dejar sus colecciones de Pushkin, Gógol, Tolstói, Dostoievski, Ehrengurg y otros grandes de la literatura universal en una chacra alejada de Buenos Aires a cuidado de campesinos amigos, para protegerlas de la represión que se ensañaría con ellos como tantas veces lo hicieron con sus ejemplares en rústica de El capital y de Materialismo y empiriocriticismo.

Hoy, basta un sencillo trámite ante las autoridades, que la Sociedad Central de Escritores puede hacer por un pequeño arancel, para obtener autorización de consulta y portación de cualquier libro, aunque se trate de obras –como en el caso de las ediciones apócrifas de la imprenta parapolicial Emecé– que falsean la realidad, la voluntad del autor y la naturaleza real del contraste entre capitalismo y socialismo, que no es, como dijera el camarada contraalmirante Eloy Rodríguez Usandivaras, sino el contraste entre lo inhumano y lo humano elevado a su máxima potencia por gracia del sublime despertar socialista.

Secretarías voluntarias a cargo de estudiantes, automóvil, vivienda digna, vacación anual, libre acceso a la información reservada a dirigentes: todas estas conquistas de los escritores, ganadas palmo a palmo a la oligarquía durante las luchas por la liberación, han dignificado y humanizado nuestro oficio, que hoy bien podría considerarse un privilegio. ¡Ese oficio que para Borges no fue sino el calvario y la acumulación de sinsabores que lo arrastraron a la ceguera, la desesperación y la muerte…!

Imagino a Borges en una de esas reuniones de aristócratas a las que era invitado y a las que debía concurrir a riesgo de ser llevado por la fuerza de los esbirros de los magnates. Allí está el escritor, solo, en su rincón, exhibido entre pieles de cebra y cabezas reducidas de gauchos, como un trofeo más de los dueños de la casa, a la espera del mozo que le extiende un pequeño bolso de celofán que ocultará entre sus ropas para llevar algo de los restos del festín a su madre anciana. ¡Pobre maestro en sus heladas noches de Palermo! Pero… ¡Qué ejemplo para todos nosotros, escritores de la patria Libre, Soberana, Justa, Liberada, Soviética, Armónica y Socialista! ¡Qué estímulo para emular! Vamos: ¡Camaradas de la Sociedad de Escritores manos a la obra! ¡A producir y producir para agigantar la obra del socialismo y vengar en la carne de los enemigos de la victoria todos y cada uno de los sufrimientos de nuestro padre y maestro, el gran Jorge Luis Borges! Ése es nuestro deber. ¡En marcha, pues!

Las Ultimas Noticias, miércoles 7 de octubre de 2009

Contra el copyright, varios autores

por Elías Palmer

La colección Versus del sello mexicano Tumbona Ediciones debería ser copiada sin asco, en este preciso instante, para beneficio de la patria. Son libritos chicos y delicaditos, pero apenas se abren se develan como completamente rabiosos, entradores y ganadores casi siempre por nocaut. ¿Contra quién? Contra lo que venga. la colección propone darles con un buen mazo de bilis a los lugares comunes y los pensamientos gregarios, reivindicando “las opiniones insalvables que sacan de quicio, describen nuestras manías y terminan por caracterizar nuestra personalidad”. Para hacerse una idea, ya se han publicado títulos tan sugerentes como Contra los no fumadores de Richard Klein, Contra los poetas de Witold Gombrowicz y Contra la originalidad de Jontahan Letehm, siendo este Contra el copyright el décimos de la serie.

Las Ultimas Noticias, miércoles 7 de octubre de 2009

Me acuerdo, de Joe Brainard

por Leonardo Sanhueza

“Me acuerdo de cuando la polio era la cosa más terrible del mundo”, “Me acuerdo de que las zanahorias son buenas para la vista y de que las habichuelas te dan gases”, “Me acuerdo del relleno para sándwiches marca Kraft”: así, repitiendo durante casi ciento cincuenta páginas que se acuerda de esto y de aquello y de lo de más allá, Joe Brainard creó este librito que es como un milagro. Su estructura no puede ser más simple: un chisporroteo de recuerdos aparentemente inconexos y encabezados por la fórmula “me acuerdo”. Según Paul Auster, el resultado es una obra maestra. Con un mínimo de recursos, el libro consigue contra una vida entera, describir una sociedad y su tiempo, internarse en los vericueros del sexo y la niñez. Por si fuera poco, Brainard inventó un formato que cualquiera, hasta el más chusco plumífero, puede usar con éxito: es cosa de probar. la más famosa adaptación de esa fórmula es el libro homónimo de Georges perec. También lo usó Marcelo Mastroianni para contar su vida. Una perla genial de literatura prácticamente al alcance de todos.