La vida dura de Flann O’Brien

El Mercurio, Revista El Sábado, 21 de noviembre de 2009

por Rodrigo Pinto

Flann O’Brien (en realidad, Brian O’Nollan o Brian Nuall’in, en celta; O’Brien fue su seudónimo más exitoso) es uno de los grandes escritores irlandeses del siglo pasado –junto a James Joyce y Samuel Beckett–, pero sus libros estaban largamente ausentes de las librerías. La editorial Nórdica está publicando toda su obra, que por fortuna llega también a estas latitudes. El tercer policía, Crónica de Dalkey, La boca pobre y La vida dura son las cuatro publicadas hasta ahora; la obra total tiene un título más.

En esta última, publicada originalmente en 1961, cinco años antes de su muerte, O’Brien da buena muestra de su extraordinario talento para la sátira, que lo hermana más con sus ilustres antecesores irlandeses Swift y Sterne que con Joyce y Beckett. Es también el más cercano y divertido de los tres, como se ve claramente en esta novela ambientada entre fines del siglo XIX e inicios del XX, que transcurre casi íntegramente en una casa de Dublín. Dos hermanos, Finbart y Manus, quedan huérfanos y son recogidos por el señor Collopy, medio hermano de su madre. Ambos siguen el camino que se espera de ellos: educación religiosa en colegios católicos, a merced de “el pellejo”, “un cierto número de correas cosidas entre sí y que formaban un objeto de gran grosor, casi tan rígido como una porra, pero lo suficientemente flexible como para evitar quebrar los huesos de la mano”, y profunda ignorancia en todo lo demás. En la cocina, de la mano del whisky servido con generosidad, el señor Collopy y un sacerdote jesuita, el padre Fahrt, llevan a cabo sesudas, divertidas e irreverentes discusiones sobre temas de fe y moral, que muestran el clima religioso de la época y uno de los talentos de O’Brien: Collopy está obsesionado con asuntos que jamás puede expresar con claridad, por la fuerza de los prejuicios y la pasión por el eufemismo, y el narrador no se molesta en hacerlo, de manera tal que los diálogos se deslizan hacia el absurdo y demuestran un soberano manejo del lenguaje. Esto último también se advierte en las empresas que acomete Manus, el hermano mayor, que descubre las virtudes de la educación a distancia y pone a la venta delirantes manuales y productos que adelantan la industria de la autoayuda. El sorpresivo giro de la trama y el reemplazo del narrador, Finbart, por las cartas de su hermano Manus, lleva al extremo los procedimientos estilísticos de O’Brien y cierra a la perfección una novela inolvidable.

Flann O’Brien.
Nórdica, Madrid, 2009. 203 páginas.

 

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