Carlos Labbé: Entrevista

Indie.cl, 26 de marzo de 2010

por Andrea Ocampo Cea

Locuela lanzado por Ed. Periférica en diciembre ‘09 en España, acaba de aparecer en Chile. Esta tercera entrega de Carlos Labbé (33) viene a instalarlo como uno de los escritores más incómodos de la literatura actual. Incomodan sus ficciones, sus múltiples voces y sonidos regurgurantes desde lo más íntimo/público de la escritura ficcionada. Incomoda también su capacidad para desdoblar el papel, ya sea del que escribe, el que lee, el que asigna a su narración.

Carlos es el autor, el personaje y el destinatario; al igual que Alicia -la albina, que podría ser Violeta, su novia Elisa, su remitente y su novela: el nombre y el personaje que podría ser la posibilidad del mal. Esta novela policial, única en su (des)género, nos trae un excelente volumen para cavilar mientras se duerme y se despierta. En “Locuela” aparece implacable la lucidez de conciencia borgeana, algunos rastros de Onetti y la experiencia de la híper-ficción que lleva a cuestas. Desde esa perspectiva reconoce: “Tomo la escritura como una manera física y a la vez trascendente de experimentar y romper los círculos concéntricos -otros los llamarán campos culturales- en que uno se mueve, a todo nivel: la nación, la contingencia, la sensorialidad, los espacios sociales, la literatura, el tiempo y el espacio, los discursos e imágenes culturales del poder, la intimidad, la infinitamente honda conciencia personal, lo inefable aunque igualmente experimentable, la estructura de conciencia que llamamos Occidente, cualquier forma de vivir colectiva o individual, el cuerpo de uno es un cruce de miles de reformas y propuestas culturales pero, al mismo tiempo, estamos muy limitados por los límites biológicos, por el tiempo y el espacio que ocupamos. Para mí la mejor manera de registrar y dejar ir esa limitación es la escritura, porque está cerca de la mano y de la voz, es primaria, no necesita de una mediación técnica tan elaborada”.

En ese sentido ¿cómo te apropias de los formatos?
Uno se siente más cómodo en este u otro registro, pero los formatos y géneros para mí son asunto sólo técnico y publicitario. Desde que Borges expuso la conciencia de que el tiempo es reversible, simultáneo y complejo -que sólo nos es dañino cuando nos imponen el reloj positivista que avanza implacable para el trabajo-, todos los formatos culturales y textuales caben en la escritura de uno, mientras seas capaz de leerlos y tramarlos. Creo que el escritor, como sujeto crítico e inventor de nuevas formas, tiene que revolver los formatos y las clasificaciones. Tenemos que ser revulsivos. (…)

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