El quinto en discordia, Robertson Davies

El Mercurio, 18 de abril de 2010

¡No creo en lo mínimo!

por Camilo Marks

Robertson Davies (1913-1995), uno de los escritores canadienses más importantes del siglo pasado, tuvo una multifacética carrera antes de abordar las ficciones que lo harían mundialmente famoso: tras graduarse en Oxford, participó como actor y asistente de dirección del legendario Old Vic Theatre de Londres, gracias a su enciclopédico conocimiento de las obras de Shakespeare. Al regresar a su patria, fue editor y crítico literario del “Saturday Review”, donde publicó, bajo el seudónimo Samuel Marchbanks, una columna diaria que más tarde se recopilaría en diversos volúmenes. Mientras tanto, produjo una vasta cantidad de dramas sin repercusión fuera de Canadá. Además, ejerció por décadas la docencia, llegando a ocupar una distinguida posición en la universidad de Toronto. Estos son sólo unos pocos aspectos de una personalidad formidable, que en la madurez fue considerado una institución viviente, pese a la heterodoxia de su carácter y sus textos.

Davies se hastió de la dramaturgia y en 1951 publicó Tempestad , su primera novela, organizada, como el resto de su corpus, en poderosas trilogías que combinan elementos góticos, magia, crímenes, ópera, astrología, el inconsciente colectivo de Jung y otros factores en construcciones argumentales que ejemplifican su apasionada máxima: “¡No creo en lo mínimo! ¡Odio lo mínimo!”. Si bien ese título obtuvo una serie de premios, el autor permaneció en calidad de figura de culto por largo tiempo. La consagración y el reconocimiento internacionales se produjeron con El quinto en discordia (Libros del Asteroide, $19.000), primera parte de la Trilogía de Deptford, completada con Mantícora y Mundo prodigioso . En esas y sucesivas creaciones, Davies recupera la tradición victoriana de Dickens, George Eliot y cierto James, mediante tramas acumulativas e historias secundarias, sin perder nunca de vista el hilo conductor central.

El quinto… , de 1970, pasó sin pena ni gloria cuando se tradujo inicialmente al español. Sin embargo, una nueva y cuidadosa versión de 2006, ya llevaba nueve ediciones en 2009. Ello prueba la creciente adhesión a un novelista que puede parecer anticuado en un medio idiomático y cultural en el que predominan el exotismo y lo multirracial -indios, jamaicanos, chinos, africanos-, en tanto se baten en retirada formas narrativas engañosamente convencionales. Porque en El quinto… uno se encuentra con la imagen del hombre de letras civilizado, divertido, cerebral, glorioso ejemplo de cruce entre lo inglés y lo americano, un elegante y excéntrico vástago de las mejores épocas de la prosa británica, aquella que generó numerosas cumbres del género novelístico.

El quinto… explora las líneas de penumbra entre destino y accidente. Una bola de nieve lanzada a los diez años tendrá consecuencias definitivas para el protagonista Dunstan Ramsay y para la pequeña comunidad de Deptford, minúsculo enclave urbano de Ontario. El suceso representa el retorno de Davies al paisaje natal, el reencuentro con su padre William, así como la omnipresencia de la madre presbiteriana. La mujer se rebeló contra la predestinación de su fe y encarnará distintos personajes femeninos, cada uno más singular que el anterior. El proyectil que Staunton lanzó a su amigo va a parar a la señora Dempster y le provoca un parto prematuro, cuya consecuencia será Paul Dempster, nacido con unas deficiencias que agrandan trágicamente la trayectoria de la pelota de nieve.

La existencia de Ramsay toma un brusco giro con el estallido de la Primera Guerra Mundial, que Davies recrea con rigurosa verosimilitud. Convertido en héroe y galardonado con la Cruz Victoria luego de su participación en Flandes, Ramsay, usando bastón y premunido de una pierna ortopédica, es recibido de manera triunfal en Deptford. Después vienen los años de universidad, la profesión académica y una intensa obsesión por la hagiografía, en busca de un ícono que está seguro de haber contemplado en el fragor de las batallas. Staunton, por su parte, es un hombre de poder, aunque muy vulnerable por secretos que se remontan a la adolescencia en Deptford.

El quinto… resulta, a la postre, una metáfora de la lucha que libra la culpa contra el libre albedrío, en un escenario donde la religión es uno de los principales modos por los que el hombre ha intentado explicar su destino. La escritura simbólica de Davies, arraigada en un realismo lleno de inventiva, es, tal como lo ha señalado la crítica reciente, un regalo esplendoroso para estos días de facilonería y falsedad.

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