Diccionario del dandi, de Giuseppe Scaraffia

La Tercera, domingo 2 de mayo de 2010

Medias lila y corbata verde

por Juan Manuel Vial

En su magnífico Diccionario del dandi, el investigador italiano Giuseppe Scaraffia extrae del clóset del olvido la ambigua figura del dandi, personaje que no tan sólo prestó una exagerada atención a su vestimenta, sino que también desarrolló una posición de desprecio ante el horrible mundo que lo rodeaba.

La búsqueda de los orígenes del dandi, aquel exótico personaje que tanto llamó la atención en las calles, salones y círculos artísticos de Londres y París a lo largo de los siglos XIX y XX, nos remite a un burguesito inglés nacido en 1778 y muerto en 1840, de nombre George Brian Brummell, famoso por su buena estampa y porque dedicaba largas horas frente al espejo a corregir el nudo de su corbata. Cuenta la anécdota que cada tarde (Brummell jamás se levantó antes del mediodía) su ayudante de cámara abandonaba sus habitaciones sosteniendo las decenas de corbatas que el súmmum de la elegancia no usaría aquel día. En cierta ocasión, ante el estupor de los que presenciaban la escena, el criado, lleno de cierto orgullo solemne, exclamó: “He aquí nuestros errores”.

En una época en que la ostentación era tenida por elegancia, Brummell optó por la sencillez. Para ir bien vestido, sostenía, no era necesario llamar la atención de los transeúntes. Y por medio de esa tesis fue que “en el gran mundo desapareció todo tipo de pompa, dejando paso a una cualidad más heroica y menos accesible para la burguesía: la distinción”, según explica Giuseppe Scaraffia en su magnífico Diccionario del dandi. Entre los seguidores de “el bello”, como se conocía a Brummell, se contaba el Príncipe de Gales, y a principios del siglo XIX era común que los jóvenes dandis utilizaran un trozo afilado de vidrio para desgastar las telas demasiado nuevas de sus atuendos.

Pero la sobriedad impuesta por Brummell (que murió, dicho sea de paso, en la inopia, consumido por la sífilis) duró poco tiempo. Tipos más vistosos irrumpieron en escena; uno de ellos fue el escritor francés Jules-Amédée Barbey d’Aurrevilly. “Obligado a suplir el vacío de su monedero con ocurrencias que rayaban la excentricidad, Barbey se hizo forrar de terciopelo una capa de pastores limosines, que recubría un traje detenido en los años 30 de su juventud; guantes rojos o azules, patillas, largos cabellos, pálidos pantalones distinguidos con franjas verticales de los más vivos colores”. Barbey fue el primer teórico del dandismo, “corriente estética que con él entró definitivamente en el territorio de los intelectuales y artistas, acentuando así la escisión ya abierta entre dandis aristócratas e intelectuales”.

Charles Baudelaire se embarcó de lleno en la nueva corriente, pero fue uno de los pocos dandis que no se sintió deslumbrado por la aristocracia: siempre prefirió la compañía extravagante de los jóvenes artistas y la cercanía con los genios de la literatura y la pintura. Aunque vestía de negro haciendo honor a una “época de luto”, un traje cuyo corte era fruto de cuidadas y difíciles reflexiones, Baudelaire usaba guantes color rosa o castaño claro, mientras que los zapatos estaban hechos de terciopelo. En invierno, el calzado era de un color blanco inmaculado. “Consagrado al amor -apunta Scaraffia-, rechaza, sin embargo, dejarse dominar por él. Los dandis forman una aristocracia oscura, malhumorada y ociosa, rica en valores personales”. A pesar de todo, continúa relatando Sacaraffia, “con la muerte de Baudelaire en 1867 se cierra el período más noble y auténtico del dandismo, el cual, de ahora en adelante, se presentaría en estrecha y ambigua simbiosis con el esteticismo”.

Y es aquí cuando entra en escena Oscar Wilde, luciendo cierta tenida de la que renegó muchas veces a lo largo de su vida. Al llegar a Londres en 1879, sumamente confiado en su persona por los éxitos que su ingenio había obtenido en Oxford, a Wilde se le veía pasear ataviado con una corbata verde manzana sobre una levita de terciopelo ribeteada, llevando unos pantalones cortos que terminaban en las rodillas, justo encima de unas largas calzas de color violeta. El clan inglés de los dandis también lo formaron los artistas Aubrey Beardsley y Max Beerbohm, aunque ellos no practicaron la estridencia ni el esnobismo de Wilde.

Luego de exponer la completa genealogía del dandi hasta bien entrado el siglo XX, que incluye a escritores suicidas como Vladimir Maiakovski y Pierre Drieu La Rochelle (según Baudelaire, el suicidio es un auténtico sacramento del dandismo), Scaraffia define al personaje que nos ocupa a través de una serie de instructivas entradas de diccionario que van de la A a la Z. Entre ellas está la elocuente palabra Escritura: “El dandi recorre en sentido inverso el camino que la sociedad le impone al individuo. La rigidez de sus maneras deja ver su carácter de técnica de resistencia al poder. El debe ser innatural para recuperar la naturalidad en una sociedad desnaturalizada. En cuanto no se somete a las reglas existentes, es artificioso“.

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4 comentarios
  1. Hola! Soy un apasionado del dandismo,tengo 44años,soy Português y vivo en Lisboa! Veo el dandismo como algo genetico!

  2. Carlos dijo:

    Apreciado Rodrigo o, según como, Anónima. No cabe ninguna duda de que es usted, o son ustedes, la única pareja de auténticos dandis que habitan en un solo cuerpo en Portugal y me atrevería a decir, en el mundo. Ha descubierto usted, en compañía de su alter ego femenino, el uso especular de la internet, y tras el hallazgo se han aprestados admirado y admiradora en alternancia literaria y misma encarnación a este derroche de esteticismo prep con que deleitan ustedes a las almas más sutiles de la galaxia pixélica. Siempre agradecido, su humilde admirador. Carlos Toallas Portuguesas

    • Rodrigo Alves Barata dijo:

      Apreciado Señor Toallas Portuguesas
      Es con mucha satisfacion que le contesto en mi malo Castellano! Me quedo muy contento que mi comentario lo tenga hecho hacer un comentario que surpreendentemente no es relacionado con el buenisimo articulo con el tema del dandismo, pero a mi persona! Son personas como usted que me hacen tener un super ego! Ademas su nombre lo veo algo raro y sin sentido como todo lo que ha escrito! Una ves mas perdoneme mi Castellano. Saludos. Rodrigo Alves Barata

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