La sociedad contra el Estado de Pierre Clastres: Reseña

La Tercera, 24 de julio de 2010

El antropólogo anarquista

por Manuel Vicuña

Como Albert Camus, el antropólogo Pierre Clastres integra el panteón trágico de los intelectuales franceses muertos, inoportunamente, en accidentes de tránsito. Antes de morir en 1977, a los 43 años, Clastres dejó un puñado de ensayos incisivos, de miniaturas verbales cargadas de reflexiones iconoclastas y, a la vez, aliviadas del peso de la mórbida erudición académica. Su obra ha vuelto a ser leída con interés, las reediciones están a la orden del día y no faltan motivos para resucitar unos textos cuya prosa poco aparatosa funde las reflexiones filosóficas, la riqueza del dato etnográfico obtenido en las selvas tropicales de América, la crítica a las trampas ideológicas de la etnología y la reivindicación de la sabiduría política de las sociedades tribales como antídoto al Leviatán del Estado.
La sociedad contra el Estado, conjunto de ensayos publicado originalmente en 1974, sigue representando una vía de acceso privilegiada al núcleo de sus reflexiones sobre el fenómeno del poder y la dimensión política de las sociedades “salvajes”. Clastres hunde sus planteamientos en su propio trabajo de campo, que lo llevó a residir entre distintos grupos indígenas de Venezuela, Brasil y Paraguay. De esas experiencias derivó una crítica certera al etnocentrismo de la tradición antropológica, que ha reproducido, bajo cuerda, el histórico desprecio de la altiva civilización occidental hacia los mundos “arcaicos”.
Sin alardes conceptuales, Clastres desmonta los prejuicios de sus pares. Toma distancia de los mitos y del sentido común de su disciplina. Y pone en evidencia cómo, en vez de estudiar la diferencia cultural en sus propios términos, sin proyectar los propios valores, buena parte de sus colegas permanecen cautivos de los hábitos mentales de Occidente. Bajo el manto del conocimiento objetivo, enseña Clastres, todavía se trafican juicios de valor que enturbian la debida comprensión de la singularidad de otras culturas, de otras sociedades.
Clastres fue un anarquista, un intelectual enchufado a las fuentes de energía ligadas a Mayo del 68, y toda su antropología política ostenta el sello de esa doctrina y de esa experiencia sísmica. ¿Cuál era, para Clastres, la línea divisoria fundamental en el ámbito de la política? La frontera que separa a las sociedades sin Estado de las sociedades con Estado, una frontera sinuosa, meditativa, cuyo trazado siguió a lo largo de una heterogénea geografía cultural, que hizo extenderse desde las diferencias de los roles sexuales y la relación del cazador con su presa, hasta la fuerza sagrada del lenguaje y la figura paradójica del líder político sin autoridad jerárquica ni facultad coercitiva. Tribus sedentarias y otras nómades pueblan las páginas de este ensayo en fuga hacia el espacio intelectual de la buena literatura de ideas.

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