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Archivos Mensuales: septiembre 2010

El Sábado, El Mercurio, 18 de septiembre de 2010

por Rodrigo Pinto

Once años pasaron entre Los boys, el primer libro del dominicano nacionalizado estadounidense Junot Díaz, y La maravillosa vida de Óscar Wao, la novela con que ganó el Pulitzer 2008 y el National Book Critics Circle Award. En el intertanto, aunque más cerca de Los boys que de su premiado libro, publicó tres cuentos en The New Yorker que aparecen como bisagra entre uno y otro. El tercero está mucho más cerca del descarnado realismo que prima en sus primeros relatos; los dos primeros, en cambio, anticipan de alguna manera el clima entre festivo y trágico de La maravillosa… Alfabia, otra editorial independientes que está llegando a Chile, los publicó en una colección auténticamente de bolsillo, que imita la forma de una libreta de apuntes (y, de hecho, incluye al final hojas en blanco). Hay, con todo, dos factores que le otorgan unidad al volumen: se trata, más o menos, de historias de amor, y en todas ellas, el asunto de la inmigración desde República Dominicana (llamada más familiarmente “la isla”) desempeña un papel fundamental.

“Nilda” pone en escena a “de esas chicas calladas y medio retrasadas”, con un cuerpo increíble y una pasión desenfrenada por Rafa, un boxeador aficionado y hermano de Yunior (sic), el narrador y testigo cercano, demasiado cercano, de un amor que se consume sin tregua en los límites del gueto dominicano en New Jersey. Bajo la superficie de uniformidad que podría percibir un observador poco atento late un mundo donde la variedad de denominaciones raciales da cuenta de un mapa donde las gradaciones del color de la piel establecen una jerarquía psicológica, mental, sobre todo, pero no por ello menos inflexible. “El sol, la luna, las estrellas” es otra historia de amor; el protagonista también se llama Yunior y su novia, Magda, es cubana ochavona. El ácido humor del relato, culmina con una delirante escena en donde el Vicepresidente (vaya a saber uno de qué) lleva a Yunior al lugar en conde nacieron los taínos. Ambas historias son iniciáticas, cuyos protagonistas cruzan un cierto umbral que cambia sus vidas. El tercer relato, en cambio, no sólo recoge con más claridad el estilo descarnado del primer cuento; sus protagonistas son adultos que llevan poco tiempo en EE.UU. También es una historia de amor, pero acá sí que la migración está en el centro de una historia cuyo final abierto no quita el desgarro de la distancia y el desencuentro.

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La Tercera, viernes 3 de septiembre de 2010

por Alvaro Matus

El estadounidense Phillip Lopate (1943) tiene buen oído y capacidad de observación, dos cualidades que se traducen en diálogos acerados e imágenes que se quedan dando vueltas en el lector mucho después de haber cerrado el libro. Segundo matrimonio es, en apariencia, una novela sumamente sencilla, aunque es sabido que escribir en forma transparente, como si todo lo que allí ocurre fuera lo más normal del mundo, es el efecto más difícil de lograr. Eleanor y Frank, los protagonistas, creen haber alcanzado el equilibrio en su segundo matrimonio: se quieren y atraen físicamente, tienen dinero, les gustan las antigüedades y el cine clásico, cenan en los restaurantes de moda de Nueva York y sus amigos son gente sofisticada, ligada al mundo del arte. La trama incluye los preparativos de la cena que ambos dan en honor a un dramaturgo, la reunión misma y las consecuencias de dicho encuentro. Porque, ya solos en su departamento, Eleanor y Frank empiezan a hablar con total franqueza. Surge un episodio de violencia que está a la base de la inseguridad y las sospechas de ella, pero también aparece una confesión que obligará a la pareja a replantearse el futuro. Lopate no posee el sentido trágico de la vida de Ricard Yates ni el arrebato de John Cheever, aunque nadie podrá mantenerse indiferente ante la compasión y delicadeza con que navega en las turbulentas aguas de la afectividad.