Wakefield

El Mercurio, domingo 10 de julio de 2011
Por Patricio Tapia

Vástago de una familia de jueces de infame dureza, Nathaniel Hawthorne -se ha dicho que cambió algo su apellido para separarse de sus antepasados- es uno de los fundadores de la literatura estadounidense. Nacido en 1804, murió 60 años después. Autor, entre otras obras, de la novela La letra escarlata (1850) y los cuentos Historias dos veces contadas (1837). Uno de ellos es “Wakefield”.

El relato, de 1835, es la historia de un señor inglés, Wakefield, vanidoso y con tendencia a crear misterios pueriles, que dijo a su mujer que haría un corto viaje, pero -sin motivo alguno- se alojó a la vuelta de su casa, y ahí, sin que nadie lo sospechara, se mantuvo oculto: vigila a su mujer, ve cómo sufre por su ausencia, algún día se cruza con ella (que no lo reconoce), pero no vuelve sino transcurridos veinte años.

Borges llamó a Hawthorne “el soñador”, pero a veces se acerca a la pesadilla. Muchos de sus escritos encierran alegorías morales puritanas. No es el caso de “Wakefield”, una anticipación de Kafka, según el mismo Borges (aunque Kafka, apuntaba el argentino, nunca le hubiera permitido volver a casa). Esta edición está enriquecida con las inquietantes ilustraciones de la española Ana Juan.

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