Poker, de Al Alvarez

El Mercurio, sábado 16 de julio de 2011

Los últimos pistoleros del poker
por Pedro Pablo Guerrero

El sello local Hueders publica por primera vez en español este libro de crónicas que el destacado poeta, crítico y apostador inglés Al Alvarez dedicó al popular juego de cartas.  

Pedro Pablo Guerrero

Ortega y Gasset consideraba los juegos de cartas la forma más elemental de “dis-traerse” en la vida, si se la comparaba, por ejemplo, con la experiencia absorbente de leer un buen libro. Pero el poeta, crítico y ensayista inglés Al Alvarez (1929) refuta la idea del filósofo español en su libro “Poker”, publicado en 1983 y traducido recientemente por Hueders con el subtítulo “Crónica de un gran juego” ($13.000). Alvarez demuestra que hay un juego de naipes que puede ser tan complejo como una novela de James Joyce y tan apasionante como un reportaje de Norman Mailer.

En 1981, el ex editor de poesía y crítico del diario The Observer viajó a Las Vegas para asistir a la Serie Mundial de Poker y escribir varias crónicas en The New Yorker. En el torneo de póquer sin límites (de apuestas) jugaban los mejores del mundo: nombres legendarios en el medio como Doyle Brunson, Jack Straus y Stu Ungar, ganador de ese año, quienes se veían a sí mismos “como los últimos pistoleros, listos para enfrentar a cualquier extraño que los retara”, en palabras de Alvarez.

Y realmente hay que tener mucha sangre fría para aceptar apuestas que superan, muchas veces, los sesenta mil dólares, y permanecer impasible frente a fichas apiladas sobre la mesa como pequeños rascacielos o fortalezas que pueden derrumbarse de un segundo a otro, dependiendo del azar, la destreza y el sutil arte del bluf.

Los apostadores profesionales, comenta Alvarez después de convivir con ellos durante semanas, parecen perder la noción del dinero al verlo reducido a hipnóticos discos de colores que son la moneda de Las Vegas, aceptados incluso en algunas tiendas de comercio. La obsesión por el juego muestra otra cara en la irrealidad cotidiana en la que viven estos aventureros modernos, capaces de apostar sobre cualquier cosa, incluso en circunstancias de vida o muerte.

Definitivamente, la presión para un apostador profesional es un estímulo irresistible. Como dice uno de ellos: “El sexo es bueno, pero el póquer dura más”. Adicción que Alvarez comparte, aunque sin llegar a esos niveles. “Me fascina el póquer, lo he jugado toda mi vida adulta y me alegra que una generación nueva haya sucumbido a su infinita y sutil fascinación”, comenta en su libro. Aunque admite que, pasada ya su época de romanticismo y mala fama, ahora “es más difícil amar la pura dimensión del éxito en el juego” que hoy transmiten internet y la televisión.

LA CONEXIÓN CHILENA

No hay que saber póquer para disfrutar la lectura de este libro, pero seguramente quienes lo juegan lo apreciarán aún más. Como le pasó a la editora de Hueders, Marcela Fuentealba. “Juego póquer desde los cuatro años -afirma-. Como era la hermana menor y les faltaba alguien en la mesa, mis hermanos me hacían jugar. Lo dejé bastante tiempo porque me aburrí de las cartas, pero ahora último lo he retomado felizmente. Mi marido es un jugador buenísimo; mi madre, empedernida; mi padre, muy elegante; mis mejores amigos son adictos. Y con el libro de Alvarez aprendí y mejoré. Hizo más placentero el juego”.

La editora decidió publicar este libro tras releer su obra más conocida: “El dios salvaje. Ensayo sobre el suicidio” (1972). Tema que, después de todo, tiene bastante afinidad con el mundo de los apostadores compulsivos.

“Además de gran escritor, Alvarez es un observador y conversador genial, mezcla la benevolencia máxima con el sentido crítico más duro”, comenta Fuentealba, quien se comunicó con el escritor por internet, gracias a sus amigos chilenos Alfonso Iommi y Cristóbal Florenzano, quien lo entrevistó hace un par de años.

“Alvarez estaba feliz de que lo publicaran en Chile, pero obviamente tuvimos que hablar con su agencia por los derechos. Él vive en Londres, está bien de la cabeza, pero se siente viejo y sufre de artritis”, dice Fuentealba.

Amigo cercano de Sylvia Plath, Alvarez aparece en una película sobre la poeta realizada en 2010. El año pasado fue premiado con la Medalla A. C. Benson, que otorga la Royal Society of Literature, y hace un tiempo publicó un libro de memorias.

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