archivo

Archivo de la etiqueta: Hueders

Roberto Merino, ciudadano de a pie

El Mercurio, sábado 20 de octubre de 2012

La próxima semana llega a librerías la extensa recopilación que el cronista le ha dedicado a la capital de Chile. El volumen se presentará el 7 de noviembre en la Feria del Libro de Santiago.  

*Pedro Pablo Guerrero

Pasa lista a los agravios arquitectónicos sin sulfurarse, en el estilo mesurado que lo ha hecho conocido. Le basta recordar que a nadie le interesó conservar el palacio de los García-Huidobro (esquina norponiente de Alameda y San Martín), donde nació el poeta creacionista, autor de “Altazor”. Tras su demolición, constata Merino, “funcionó, durante décadas, una playa de estacionamiento”. Un rasgo de idiosincrasia. Para él, que ha sido peatón toda su vida, no menos incomprensible le resulta la conducta de los capitalinos los fines de semana largos: “Todos se van en masa los viernes en la noche por carreteras colapsadas y regresan de la misma forma tres días después”.

En sus 360 páginas, “Todo Santiago” incluye crónicas que Roberto Merino publicó en “Santiago de memoria” (1997) y “Horas perdidas en las calles de Santiago” (2000), agregando textos escritos con posterioridad. La idea de esta suma de compilaciones fue de Rafael López, editor de Hueders. Un día le pidió prestado el único ejemplar que guardaba de “Santiago de memoria” y consideró que esas y otras crónicas santiaguinas merecían ser publicadas de nuevo.

¿Por qué dejó la selección en manos de otra persona?

“Lo que pasa es que yo solo nunca hubiera hecho nada. Ni siquiera se me hubiera ocurrido hacer el libro. Pero la persona que mencionas es Andrés Braithwaite, quien es muy cercano a estos textos. En el proceso de edición surgieron cientos de sugerencias suyas que tuvimos que revisar juntos. Hubo algunas discrepancias menores, como las palabras ‘esmog’ o ‘garaje’, que yo insisto en escribir ‘smog’ y ‘garage’ porque así las aprendí. En fin, negociamos muchas minucias de este tipo”.

Parece que no le gusta releerse.

“No me gusta mucho releer extensamente lo que escribí hace años, es un trance un poco desagradable”.

Escribe que le incomoda ser considerado un “especialista en la capital”. ¿Se ha resignado a ese malentendido?

“Trato de huir del profesionalismo, de la especialización. No quiero más superyó ni deber ser. En general, las instancias culturales -mesas redondas, conferencias, seminarios- son, al menos para mí, tediosas e inconducentes. No siento la menor necesidad de hablar en público”.

¿Cuánto le deben la sobriedad y economía de sus crónicas al ejercicio simultáneo de la poesía?

“Esas modalidades van por caminos distintos. Más bien diría que el ejercicio de la prosa, de la que se espera una mínima precisión, me ha servido para neutralizar el desbocamiento del lenguaje poético”.

Héctor Soto conjetura en el prólogo que usted descubrió su vocación de cronista recorriendo las calles de la ciudad. ¿Fue así?

“Podría ser pensado así, sobre todo si uno considera que la crónica se adapta tan bien a una sensibilidad que tiende al ocio y a la itinerancia. Pero antes, cuando muy joven, mi propósito era escribir una especie de teoría de la expresión de la ciudad, construir un modelo fenomenológico. Y antes que eso no tenía propósito alguno, callejeaba por curiosidad o por aburrimiento”.

Han llegado noticias de la buena acogida de su libro “En busca del loro atrofiado”, que publicó Mansalva en Argentina. ¿Lo sorprendió esa repercusión?

“Nunca pensé que escritos que consideraba tan locales tuvieran alguna recepción fuera de Chile, menos en Argentina, donde hay tantos buenos escritores. Parte de mi aprendizaje literario tuvo que ver en varios momentos con Argentina y es, por lo tanto, muy honroso haber adquirido una mínima visibilidad por allá. Los argentinos de ahora son gallos muy el descueve, tienen una curiosidad inverosímil por la literatura chilena. La última vez que estuve en Buenos Aires escuché hablar de Blest Gana, de Edwards Bello, de José Donoso e incluso de Alfredo Gómez Morel”.